Wednesday, October 28, 2020

Crudo relato de testigo clave en muerte de Javier Ordóñez: Así fueron sus últimos momentos con vida

Crudo relato de testigo clave en muerte de Javier Ordóñez: Así fueron sus últimos momentos con vida
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Wilder Andrés Salazar fue el amigo de Javier Ordóñez que se negó a abandonarlo y dejarlo solo en manos de los policías que habrían ocasionado su muerte a golpes en el CAI de Villaluz, en Bogotá.

Su testimonio es clave en la investigación, ya que presenció la escena desde que Javier es detenido con choques eléctricos (video), hasta que fue llevado a un hospital, luego de haber sido conducido al Comando de Atención Inmediata.

El mismo fue revelado en un debate de control político en el Congreso por la representante Katherine Miranda.

A Javier lo golpearon sin piedad

Los policías nunca se detuvieron. Lo golpearon en varias oportunidades en el rostro y seguían con la pistola taser, pero ya no hacían las descargas sobre la ropa, porque ya tenía la camiseta desgarrada, se las hacían sobre la piel.

En ese momento llegan más policías. Nos esposan, nos suben a una van y al interior de esa van sigue la tortura de mi amigo Javier. Nos trasladan rápidamente al CAI de Villaluz. Yo me bajo por mis propios medios, entro al CAI y me empujan hacia la parte del fondo.

Cuando yo veo a Javier, él ya venía muy débil, con la cabeza agachada. Allí lo siguen golpeando. Él ya se encontraba esposado, no podía hacer nada. Y lo botan a mis pies.

Javier ya casi no se quejaba, hablaba muy poco. Yo alcanzaba a escuchar que para respirar él ya tenía mucha dificultad. Yo en todo momento les pedí ayuda para llevarlo a un hospital. Nunca lo ayudaron. Solo se acercaban para agredirlo.

Llagan muchos más policías. Entran al CAI y nos ven, ven la situación y no le prestan ayuda.

Poco tiempo después llega mi amigo Juan David. Entra a la fuerza. Cuando ve a Javier el se bota al piso, se arrodilla y trata de sentarlo, pero le queda muy difícil. Y empieza a gritar: ‘No está respirando, está muy frío’.

Yo me desespero, empiezo a gritar como loco. Pedí que me quitaran las esposas para ayudarlo.

Cuando yo siento a Javier me doy cuenta de que él está totalmente pálido. Una parte de su cara está totalmente hinchada, tiene marcas por todo el cuerpo, como de quemaduras y de golpes. Su pecho y su cuello están morados.

Lo sacamos del CAI como pudimos. Por todo el camino le dábamos palmadas en los cachetes tratábamos de calentarlo. Mi amigo le pedía que reaccionara, pero él nunca abrió los ojos.

Llegamos en la patrulla, a la clínica María del Lago. Yo me bajo y entro como loco a urgencias. Bajamos a Javier como pudimos y lo sentamos en la silla de ruedas.

Esta imagen a mí nunca se me va a borrar de la mente: cuando tratamos de sentarlo en la silla, él quedó desgonzado, con los ojos cerrados y el rostro totalmente hinchado. Lo metieron en una sala de urgencias.

Yo salí llorando, completamente destrozado. Me siento en una de las sillas desocupadas. Allí sale una de las doctoras, se arrodilla, me pone la mano y me dice: ‘Lo siento mucho, no se pudo hacer nada. Su amigo ya llegó muerto’.

Uno no puede describir lo que siente en ese momento.

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