Wednesday, July 6, 2022

Procurar vivir tranquilos

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Procurar vivir tranquilos: German Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

Vivir tranquilo no significa ir por la vida libre de problemas ni en un estado de felicidad permanente.

La tranquilidad tiene que ver más con la aceptación de aquellas cosas que no debemos cambiar, de no “pelear” con la vida, de aprender a establecer y reconocer límites y entender que un “no” también es una respuesta.

Aunque la lista de situaciones, circunstancias o factores que nos generan sensación de intranquilidad y en ocasiones estrés son muchas.

Hay 3 que considero importantes mencionar y que si logramos pensarlas y gestionarlas de una manera más consciente, pueden ayudarnos a disminuir esa madeja de pensamientos alrededor de lo mismo que nos roba calma y energía sin darnos cuenta.

La primera de ellas (no significa que sea la más representativa) es la aprobación externa.

Vivimos pendientes la mayor parte del tiempo de cómo nos ven los demás, cómo me ven o qué piensan acerca de mí.

Tanto mi jefe, como mi familia, mi pareja, mis amigos y ni hablar de mis contactos en redes sociales donde siempre queremos mostrar nuestra mejor actitud, nuestro mejor ángulo y vender la mayor sensación de bienestar posible.

Nos perdemos a veces pensando en el concepto de los demás respecto de nosotros dejando de lado algo más importante, como es el concepto que tenemos de nosotros mismos, lo cual sin duda es mucho más productivo.

En la medida que reconozco mis fortalezas y debilidades, así mismo puedo decidir emprender acciones para modificar aquello que considero que debo mejorar.

Desde mi sentido de querer ser mejor persona en línea con mis valores y objetivos de vida, más allá de lo que piensen u opinen los demás.

Entre otras razones porque los demás opinan con base en lo que yo permito o quiero que vean de mí, en cambio yo conozco todo el panorama completo, no hay forma de ocultarme a mi mismo eso que le oculto a los demás, que me haga el “loco” como se dice coloquialmente es otra cosa.

La segunda es asumir cargas y responsabilidades que NO nos corresponden.

Son muchas las responsabilidades ajenas de las que optamos por apropiarnos.

¿Hasta dónde ayudar?

Con el argumento del amor incondicional nos hacemos con cargas (emocionales, económicas) de algunos miembros de la familia, desde los padres hasta los hijos pasando por los hermanos y vamos echando sobre nuestras espaldas responsabilidades que no nos corresponden asumiendo que estamos “ayudando”.

Ayudar es una cosa y corresponde a una proporción del total de la carga del cual su doliente es quien debe asumir la responsabilidad de hacerse cargo.

Y ojo que no estoy diciendo que no debemos cuidar o ayudar a nuestra familia, pero cuando ayudamos en exceso hacemos mas daño que bien, tanto al otro que no se ve en la necesidad de generar recursos propios para atender su responsabilidad (que seguramente es consecuencia de sus acciones o inacciones), como a nosotros.

Más temprano que tarde vamos a terminar quemados cuando se agoten nuestros recursos por atender no solo mis demandas sino también mis ayudas al otro.

Aplica igual para otros vínculos como amigos, compañeros de trabajo, de estudio, etc.

Procurar vivir tranquilos: Germán Roa

German Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

Y por último los apegos, benditos apegos que ante algunas pérdidas nos hacen sentir los mas desdichados de los mortales.

Debemos tomar conciencia de la impermanencia de las cosas, de que nada es para siempre, todo tiene un principio y un final.

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Todo es susceptible de desaparecer o terminar en cualquier momento, esa relación, ese objeto que heredamos de un miembro de nuestra familia muy cercano o que nos regaló ese ser especial que ya no está, o que nos recuerda una fecha especial o una etapa significativa de nuestra vida.

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La taza que se rompe, la foto que se pierde, esos zapatos viejos que nos encantan, esa persona que decide romper el vínculo con nosotros, un cambio de casa o de trabajo y por supuesto la muerte que aparece ocasionalmente.

Son muchas las fuentes de nuestros apegos, aprender a identificarlas y a gestionar los correspondientes duelos de manera adecuada, buscando ayuda si lo consideramos necesario, son una buena forma de trascender estos momentos.

Vivir tranquilo no significa ir por la vida libre de problemas ni en un estado de felicidad permanente.

La tranquilidad tiene que ver mas con la aceptación de aquellas cosas que no podemos cambiar, de no “pelear” con la vida, de brindar ayuda con mesura y solo cuando el otro la pida, de reconocernos valiosos por nosotros mismos y no por lo que piensen o digan los demás, de aprender a establecer y reconocer límites y entender que un “no” también es una respuesta.

De ser más coherentes con nuestro sentir-pensar, de ser más nosotros mismos.
Los abrazo.

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