Germán Antonio Roa

Friday, August 19, 2022

Germán Antonio Roa

Reflexión: La irresistible tentación de poner en evidencia los errores ajenos

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La irresistible tentación de poner en evidencia los errores ajenos: Germán Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

Personas que se erigen como “fuentes de sabiduría”, que ven en los demás un “producto en proceso”, comparado con ellos que, se consideran “producto terminado”.

Hay personas que parecen especialistas en detectar los errores o equivocaciones ajenas como si detrás de estos encontraran una recompensa y si además pueden hacerlos visibles ante los demás ésta pareciera aún mayor, escudados algunos incluso en el concepto de “crítica constructiva” como excusando así el daño que de antemano saben pueden llegar a causar.

La globalización de los medios de comunicación y las tecnologías al servicio de ésta, permiten que la situación nos exponga no solo ante nuestro grupo de vínculos primarios y cercanos como familiares, amigos así como compañeros de trabajo sino ante un numero representativo de “seguidores” en las redes sociales, muchos de los cuales se atribuyen uno que otro derecho sobre cualquier artículo, imagen, foto o comentario que compartamos bajo el argumento de que como lo hacemos público, debemos aceptar cualquier tipo de intromisión, afortunadamente hablando de las redes sociales, no pasa de ser verbal.

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Germán Roa.

Corregir o hacer caer en cuenta a otro de que se ha equivocado está bien, sin embargo no hay necesidad de hacerlo en público (a menos que hablemos de lideres cuyas decisiones o posiciones afecten el bienestar de una mayoría).

Pues aún en las redes sociales siempre está la opción de enviar un mensaje privado.

Es como el jefe que pudiendo retroalimentar a sus colaboradores en privado acerca de algo que no salió bien, prefiere hacerlo delante de todos los compañeros de trabajo, preso del ego y de su necesidad de mostrar el “poder” de la autoridad, que no es más que una forma de disfrazar la inseguridad y vulnerabilidad que seguramente lo agobian en otro aspecto de su vida.

Y así funciona, es la necesidad que yace detrás de cada quien de alimentar su necesidad de figurar o de mostrarse más inteligente o más creativo, o algo muy de moda en los últimos años: más culto o más espiritual; personas que se erigen como “fuentes de sabiduría” que ven en los demás un “producto en proceso” , comparado con ellos que se consideran “producto terminado”, dueños y hacedores de toda verdad y de todo lo que consideran correcto.

Algunos inclusive se atreven a hacer sugerencias para que alcancemos su nivel de “sabiduría”.

Sin embargo detrás de su subjetiva perfección lo que hay son seres humanos heridos, inseguros, con necesidades de reconocimiento que encuentran en estas prácticas una forma de amortiguar sus carencias afectivas o emocionales, sin siquiera llegar a considerar que pudieran necesitar algún tipo de ayuda.

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Todos somos tanto admirables como criticables, sin embargo siempre será mejor corregir en privado más aún si somos conscientes de que hacerlo en público podría ser incómodo para el otro.

¿Qué tal si esa misma vehemencia con la que se buscan errores ajenos, se utilizara para buscar actitudes, logros y éxitos y además se reconocieran públicamente?.

En nuestra familia, en nuestros grupos de amigos, en nuestro medio laboral, seguro que el impacto como sociedad sería mucho más constructivo y contribuiría a reparar y fortalecer el tejido de una sociedad cada vez mas permeada por la ausencia de valores y sentido de solidaridad.

Tanto las equivocaciones como los aciertos están a la orden del día de cualquier ser humano, es lo normal dentro del proceso de crecimiento y evolución de cada uno y es un proceso continuo que terminará solo el día de la muerte, pues mientras haya vida siempre habrá oportunidad de aprendizaje.

Ahora bien, esto no significa que se deban seguir cometiendo los mismos errores una y otra vez pues se trata precisamente de tomar conciencia de los mismos y aplicar los correctivos del caso, es ahí cuando se configura la verdadera lección de aprendizaje.

Pero, qué tal si en lugar de enfocarnos en los errores ajenos nos enfocamos un poco más en los propios?. Les aseguro que ahí sí vamos a obtener una verdadera recompensa: el aprendizaje continuo detrás de nuestras experiencias de vida.

Reflexión: El poder de la palabra

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El poder la palabra: German Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

“Herir con la palabra es como herir con la espada: cura la herida, pero queda la cicatriz”: Shakespeare.

El lenguaje verbal que constituye la palabra es quizás la forma del lenguaje con la que más nos comunicamos, es la más inmediata, la que tenemos a la mano todo el tiempo y la que nos presenta más oportunidades de interrelacionarnos socialmente.

German Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

Sin embargo y desafortunadamente es la forma de comunicarnos que hacemos de manera más inconsciente, generando malestar en el otro; malestar que puede manifestarse en forma de ofensa, de falta de reconocimiento, de humillación, incluso de dolor, todo dependiendo de las circunstancias y del tipo de vínculo que nos relacione.

Vamos incorporando de manera inconsciente a nuestro lenguaje cotidiano , formas de expresión y palabras concebidas desde un contexto de agresión, expresiones como: “estuve hablando con mi jefe y vieras lo que me dijo, quería matarlo!”, “debemos luchar contra…”, “odio que me hagan esperar”, “es preciso atacar las causas de…”.

Este lenguaje construido desde esa concepción de vocablos que denotan agresividad e intolerancia los hemos incorporado a nuestra cotidianidad de tal forma que se ha vuelto “normal” pues entendemos que se trata de una expresión en “sentido figurado” y que por tanto no representa ningún riesgo, ni está mal seguirlo haciendo.

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Obviamos sin embargo la carga emocional que acompaña este tipo de expresiones y que son las que sí representan un riesgo no solo por el impacto con que los otros las perciben, sino también por el impacto de éstas en nuestra mente; e incluso en nuestra salud mental asociadas al efecto de este tipo de comunicaciones en nuestros niveles de estrés considerando que comprenden un vocabulario que promueve la intolerancia así como la falta de paciencia y aceptación con la que abordamos determinadas situaciones.

Como seres humanos somos capaces de irradiar a nuestro alrededor con la carga de energía y vibración con la que nos manifestamos, así pues si vibramos en armonía irradiamos armonía, paz y tranquilidad, en caso contrario, irradiaremos malestar y sentido de agresividad.

Hacernos conscientes de los términos que hacen parte de nuestro vocabulario diario, esto es prestar atención a lo qué decimos y a cómo lo decimos, nos ayuda a identificar esos patrones lingüísticos, de tal forma que les vamos restando fuerza, poder y así vamos de manera paulatina dando un salto hacia una forma de comunicarnos de manera más consciente, considerando que un nuevo nivel de conciencia requiere otro nivel de lenguaje.

“Las palabras son la herramienta más poderosa que tiene como ser humano, el instrumento de la magia”.

“Pero son como una espada de doble filo: Pueden crear el sueño más bello o destruir todo lo que te rodea. Uno de los filos es el uso erróneo de las palabras, que crean un infierno en vida. El otro es la impecabilidad de las palabras, que sólo engendrará belleza y amor”: Miguel Ruiz.

Miguel Ruiz plantea en sus 4 acuerdos unas premisas básicas entre la cuales se encuentra ser impecable con las palabras, es decir revisar y tomar conciencia de la palabra.

Esto implica antes que nada, no utilizarla contra sí mismo entendiendo por esto que cualquier palabra emitida por mí que genere malestar en el otro, hará que ese otro me odie y eso ya no será bueno para mí.

Practicar la impecabilidad de la palabra es una buena forma de tomar conciencia del uso habitual que hacemos de ésta para culpar, maldecir, reprochar, destruir y lamentarse; tomar conciencia de la palabra supone una invitación para darnos cuenta de qué tanto la usamos para expresar amor, tolerancia, comprensión y generar bienestar a nuestro alrededor.

La palabra y su forma pueden construir o destruir, pueden ser la diferencia entre alentar o motivar a alguien o hundirlo en lo más profundo de su nivel de auto estima; a través de la palabra grandes líderes a lo largo del tiempo han llevado a comunidades enteras a la opresión, pero también ha sido utilizada por otros para promover la esperanza y las acciones de cambio que representan desarrollo y evolución social y personal.

Así que no lo olvides: tu palabra tiene poder!.

¿Cómo estás utilizando el poder de tú palabra cuando te hablas a ti mismo y a los demás?
¿Utilizas un lenguaje posibilitador o limitador, constructivo o destructivo?

Reflexión: Visitarte a ti mismo

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Visitarte a ti mismo: German Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

Nuestro trasegar por la vida nos lleva a asumir diferentes roles desde aquellos del plano familiar donde nos desempeñamos como padres, hijos, pareja, hermanos, etc.

Pasando por el laboral donde asumimos como jefes, colaboradores o pares , hasta aquellos que desempeñamos socialmente como miembros de una entidad, asociación, grupo o, simplemente como amigos o como un ciudadano más del lugar donde habitamos.

Muchos de estos roles exigen de nosotros asumir ciertas actitudes de autoridad como parte de nuestra tarea de hacer cumplir ciertas normas o reglas establecidas, y en ese sentido muchas veces no se nos permite expresar ciertas emociones o más bien debemos reprimirlas en aras de fortalecer o reforzar dicha actitud, ya sea por temor a perder el control o por conservar nuestra imagen.

El punto no tendría mayor discusión si fuéramos lo suficientemente conscientes como para no incorporar esta práctica de manera automática y permanente en todos los aspectos de nuestra vida, pero por el contrario lo que vamos haciendo es que cada vez más respondemos emocionalmente a lo que el exterior nos exige o espera de nosotros, restándole importancia a lo que nos dicta nuestro interior, aquello con lo que realmente nos sentimos conectados y cómodos.

Y es que mostrarse de alguna manera sensible emocionalmente nos hace sentir vulnerables y esa es una sensación a la que todos le huimos, puesto que consideramos la vulnerabilidad como algo “negativo”, cuando en realidad lo que nos permite es reconocernos tal como somos, de la necesidad que tenemos de estar conectados, de ser aceptados y de aprender a pedir ayuda cuando la necesitamos.

German Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

Se hace necesario entonces que asumamos una posición distinta al respecto, darnos la oportunidad de que nuestra fuerza y necesidades interiores cobren más importancia que los factores externos para poder así darnos la oportunidad de nombrar, reconocer y sentir cada emoción; es ahí cuando nos permitimos acoger el malestar que acompaña la rabia, las lagrimas que acompañan el dolor, la impotencia y rechazo ante una perdida y el júbilo y alegría propios del placer y el bienestar.

Ahora bien, esto no significa descargar nuestra ira, malestar o dolor en otros, sino reconocerlas para nosotros mismos: “así es como me siento”, “esto es lo que realmente quiero hacer”, “esto es lo que necesito”, “esto es lo que es verdaderamente importante para mí”.

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A medida que vamos reprimiendo o negando emociones durante mucho tiempo, vamos alimentando también nuestro crítico interno, a ese juez interior implacable que potencializa nuestras dudas e inseguridades y nuestro temor a expresarlas, y entre más tiempo nos demoremos en tomar conciencia, más fortalecemos ese juez y más difícil y pesada se va haciendo nuestra carga emocional, so pena de creer que podemos llegar a ser rechazados, criticados, humillados o, como mencionábamos anteriormente, hacernos vulnerables.

Cuando damos paso a la fuerza que nos permite ir develando poco a poco esa historia de debilidad que hemos construido alrededor del reconocimiento de nuestras emociones, abrimos la puerta para que broten esas que han estado guardadas, reprimidas y la mayoría de las veces negadas o no reconocidas y empezamos a sentirnos libres y livianos, más tranquilos.

Preguntarse ¿Cómo me siento cuando soy fiel a mi mismo?, entendiendo esa fidelidad como aquello que me conecta con lo que soy, con lo que siento, con todo aquello que me hace sentir tranquilo, es una buena forma de “visitarnos a nosotros mismos” e irnos reconociendo y redescubriendo desde nuestra verdadera esencia.

Y tú, ¿cada cuánto te visitas a ti mismo?.

Reflexión: Mente a la carta

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Mente a la carta, por: German Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

“La mente es una cosa loca” dicen por ahí algunos; pues yo diría que no es una cosa loca, es una cosa LOQUISIMA, así en mayúsculas.

La mente es experta en jugarnos malas pasadas sobre todo en aquellos momentos que consideramos “difíciles”.

Inseguridades, miedos, dudas, prejuicios y toda una gama de percepciones encaminadas a alimentar nuestros estados de angustia y ansiedad hacen parte del menú que esta mente suele poner a nuestra disposición y que nosotros, cual los mejores comensales, aceptamos sin el más mínimo reparo.

Nos empecinamos en aceptar ese menú hasta saciarnos sin hacer siquiera el más mínimo esfuerzo en pedirle a esa mente un menú diferente, menú que muchas veces solo existe ahí en nuestra mente, pues dista mucho de lo que sucede en la realidad.

Y es que efectivamente esta mente tiene toda una ‘carta’ de platos distintos que puede ofrecernos, es solo que pareciera que nos hemos acostumbrado a aceptar siempre lo mismo.

A alimentarnos con esos mismos platos que nos ofrece una y otra vez, pues son los platos a los que la experiencia, la cultura y algunos marcos formativos de nuestro desarrollo como personas, nos han casi que “acostumbrado”, llegando incluso a creer que no merecemos un menú diferente (aunque sabemos que existe, solo que creemos que no está disponible para nosotros).

Este menú de pensamientos se pasea entre el pasado y el futuro alejándonos de la realidad del momento presente, disminuyendo así nuestra capacidad de disfrutar, vivir y aprender del aquí y el ahora.

El punto es que tenemos la capacidad, desde la consciencia, de cambiar esta situación y tomar la decisión de abrir nuestra mente a percepciones distintas, de entender que ese “menú diferente” sí está a nuestro alcance y totalmente disponible, y lo más importante: que solo depende de nosotros acceder a él, y más importante aún: que es tan fácil como simplemente pedirlo.

¿Y cómo hacemos para pedirlo?.

Estando totalmente dispuestos a vivir la experiencia, cualquiera que sea, con una mente abierta, lo que podemos llamar una “mente de principiante” que no es otra cosa que abordar cualquier experiencia como si fuera la primera vez, aun cuando hayamos vivido una experiencia similar anteriormente y ésta no haya sido de nuestro agrado; esto implica también dejar un poco nuestra tendencia a juzgar y “calificar” todo como bueno o malo, como agradable o desagradable; las cosas o experiencias son lo que son y depende del observador (nosotros) como decidimos gestionarlas.

German Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

Una mente abierta nos da la posibilidad de percibir las cosas desde otra perspectiva, desde otra mirada, salirnos de ese pequeño mundo que en ocasiones se torna angustioso, pequeño, asfixiante y rígido y darnos la oportunidad de descubrirnos en otros alcances, otras capacidades, de responder a la vida con otro punto de vista.

Solo depende de nosotros elegir el menú.

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No es el que la mente nos ofrezca, es aquél con el que estemos dispuestos a alimentarnos.

Todos podemos, en cualquier momento, empezar a entrenar nuestra mente (así como entrenamos para mantener nuestro cuerpo físico) y mejorar nuestro nivel de consciencia y atención que nos lleve paso a paso a encontrarnos más con nosotros mismos.

A descubrir esas herramientas que tenemos y que no hemos usado, a mejorar nuestra confianza en nosotros mismos y en los demás.

Todos tenemos la facultad de elegir como abordamos nuestras experiencias de vida, si desde el victimismo, la ansiedad y el sufrimiento o desde la oportunidad de aprendizaje y crecimiento.

La meditación es una buena forma de empezar.
Ahora, dime: ¿Estás dispuesto a revisar tu carta?.