Germán Roa

Friday, August 19, 2022

Germán Roa

Mirando por el retrovisor

German portada

Reconocer los errores: German Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

Que el único momento real y verdadero es el presente, eso es cierto; que nadie puede garantizar lo que va a pasar en el futuro, también es cierto, y en esto sí que hemos tenido lecciones gracias al Covid-19 (distinto es que no hayamos querido aprender), y que el pasado pasado es y no se debe llover sobre mojado, lo cual también es cierto, pero esto no significa que no podamos de vez en cuando echar una mirada de vida por el espejo retrovisor.

Pues si asumimos estas consideraciones un poco a la ligera pareciera desestimarse un poco la visión de pasado y de futuro, con la sensación de abandonarnos a aquello que la vida tenga a bien hacer con nosotros.

Personalmente soy un convencido de la importancia de vivir y disfrutar el momento presente considerando que es el tiempo sobre el cual tengo la capacidad de actuar, aquí y ahora, sin embargo, eso no significa que no pueda planear aquello que me gustaría vivir a futuro y muchos menos despreciar el aprendizaje que me ha dejado la experiencia del pasado.

Y es que una cosa es quedarnos amarrados a la experiencias del pasado, atrapados en estados emocionales que giran alrededor de frustraciones, apegos e insatisfacciones y otra es mirar ese pasado como desde un espejo retrovisor para identificar el aprendizaje que yace detrás de toda esa experiencia.

German Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

Mirar al pasado más allá del “si yo hubiera…”: si hubiera renunciado antes, si hubiera aceptado tal o cual cosa, si hubiera viajado, si hubiera comprado, si hubiera hecho esto y no aquello, en fin.

Caer en el lamento de lo que pudo ser y no fue, y lo que es peor: con la sensación de culpa que acompaña esos “hubiera”.

Aquí es necesario mirarnos con un poco de autocompasión (que no tiene nada que ver con la visión de “pobrecito”), sino entendiendo que aquello que decidí hacer en algún momento de mi vida, era lo que podía hacer con los recursos o el nivel de conciencia que tenía en esos momentos; castigarme ahora que tengo nuevas herramientas y recursos con los que seguramente no contaba en determinado momento no viene entonces al caso.

Muy constructivo, alentador y motivador también se hace mirar hacia atrás para reconocer nuestra evolución como personas, lo que hemos logrado, las situaciones que hemos sorteado con base en decisiones y acciones que hemos gestionado en algún momento y que nos permiten ampliar esa perspectiva que nos muestra esa otra cara de la vida, de que así como hay cosas que no resultaron como esperábamos, también hay muchas otras que hemos alcanzado, superando incluso las expectativas trazadas inicialmente.

Permitirnos ser conscientes incluso de que aquello que en su momento vimos como una realidad apabullante, hoy la vemos con otra perspectiva menos dramática a como la pudimos vivir en su momento, y eso nos sirve además para entender que muchas veces nuestra realidad no es tan complicada como la vemos, y que incluso muchas veces sufrimos por algo que solamente está en nuestra mente, cuantas veces sufrimos anticipadamente por algo que en realidad nunca pasó mas que en nuestra imaginación.

Puede leer: Reconocer los errores

Siempre, siempre tenemos la capacidad de mirarnos desde el aprendizaje y la oportunidad reconociendo los altibajos que hacen parte del proceso de vida, desafortunadamente son muchas las veces que le apostamos a esa mirada quejosa y de sufrimiento, sin embargo está en nuestras manos implementar acciones pequeñas que nos ayuden a vivir más atentos y a reconocernos como seres humanos en desarrollo permanente.

Las crisis no como fracaso, sino como catapulta para conocernos mejor y comprender que muchas veces acoger pequeños hábitos, puede producir grandes cambios.
Los abrazo.

Reconocer los errores

German portada

Reconocer los errores: German Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

Una de las cosas que más dicen del nivel de madurez y crecimiento personal es aprender a reconocer que nos hemos equivocado, que hemos cometido un error a pesar de las consecuencias que eso represente.

Sin embargo es una de las cosas que menos encontramos en nuestro día a día, por el contrario son muchos los casos en que ante un error o equivocación las personas buscan desesperadamente salir “ilesas” de culpa, llegando incluso a tratar de asignarle dicho error a otra persona aun sabiendo que no es así.

En el mundo corporativo por ejemplo, el esquema de comunicación se desborda en correos electrónicos informando al mayor detalle y al mayor número de personas posibles cualquier acción o decisión que se adelanta en el ejercicio de la labor a cargo, pero detrás de esto mas que el deseo de informar o dar por enterado a otros, lo que se busca es una especie de “blindaje” ante cualquier equivocación de tal manera que quien emite el correo pueda tener la posibilidad de decir que otros también sabían y que por tanto no es su error o en todo caso si lo asume pueda alegar que no es solo suyo o llegado el caso pueda incluso con cierta habilidad endilgárselo a otro.

¿Porqué es tan difícil aceptar que nos equivocamos?. En principio puede creerse que es el temor a las consecuencias las cuales sin duda pueden ser representativas según el error que se haya cometido.

No obstante existen otras razones que el medio en que nos desenvolvemos y la sociedad se han encargado de inculcarnos casi de manera inconsciente.

El modelo de persona exitosa por ejemplo, aquella que todo lo puede, que todo lo alcanza, aquella para las que las palabras “renuncia” o “cansancio” no están permitidas porque eso significa darle una oportunidad al fracaso.

Ese modelo de ser productivo 24/7 porque entre más se “hace” más se “logra” y por tanto más posibilidades hay de encajar en ese modelo de persona de éxito.

Además eso viene de la mano de la imagen que proyectamos, todavía muchos creen en esa imagen de modelo de “súper persona”, que es casi perfecta, que todo lo hace bien, que tiene los mejores resultados, que es un referente en su oficio y por tanto reconocer que se ha equivocado en algún momento no le hace nada bien a esa imagen que es el alimento preferido del ego y ese sí que no perdona.

Ahora bien, no se trata entonces de ir por la vida saltando de equivocación en equivocación o en modo ensayo-error.

German Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

De lo que se trata es de comprender que somos seres humanos en constante desarrollo y que a pesar de que hagamos nuestro mejor esfuerzo por controlar todas las variables que consideremos importantes en cualquier acción que emprendamos, siempre habrán elementos que escapan a nuestro control y que nos van a dejar expuestos a cierto margen de error por mínimo que sea.

“Errare Humanum Est”, errar es de humanos frase adjudicada a San Agustín y desarrollada más tarde por Cicerón en el Siglo I A.C nos invita a abrirle la puerta a esta posibilidad.

La historia puede mostrarnos muchos casos de personas que incurrieron no solo en una sino en varias equivocaciones (fracasos lo llaman algunos) antes de lograr eso por lo cual hoy son reconocidos: Winston Churchill, Walt Disney, J.K. Rowling son solo algunos ejemplos.

Puede leer: Procurar vivir tranquilos

Dice mucho mas de nuestra calidad como personas, aceptar nuestras equivocaciones desde la humildad y la oportunidad de aprendizaje que perdernos en excusas y “patadas de ahogado” tratando de liberarnos de nuestra responsabilidad.

Les dejo la invitación para que nos permitamos darle la vuelta a nuestros errores o equivocaciones y procuremos asumirlos desde la oportunidad y no desde el señalamiento o la pena. ¡Los abrazo!

Procurar vivir tranquilos

German portada

Procurar vivir tranquilos: German Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

Vivir tranquilo no significa ir por la vida libre de problemas ni en un estado de felicidad permanente.

La tranquilidad tiene que ver más con la aceptación de aquellas cosas que no debemos cambiar, de no “pelear” con la vida, de aprender a establecer y reconocer límites y entender que un “no” también es una respuesta.

Aunque la lista de situaciones, circunstancias o factores que nos generan sensación de intranquilidad y en ocasiones estrés son muchas.

Hay 3 que considero importantes mencionar y que si logramos pensarlas y gestionarlas de una manera más consciente, pueden ayudarnos a disminuir esa madeja de pensamientos alrededor de lo mismo que nos roba calma y energía sin darnos cuenta.

La primera de ellas (no significa que sea la más representativa) es la aprobación externa.

Vivimos pendientes la mayor parte del tiempo de cómo nos ven los demás, cómo me ven o qué piensan acerca de mí.

Tanto mi jefe, como mi familia, mi pareja, mis amigos y ni hablar de mis contactos en redes sociales donde siempre queremos mostrar nuestra mejor actitud, nuestro mejor ángulo y vender la mayor sensación de bienestar posible.

Nos perdemos a veces pensando en el concepto de los demás respecto de nosotros dejando de lado algo más importante, como es el concepto que tenemos de nosotros mismos, lo cual sin duda es mucho más productivo.

En la medida que reconozco mis fortalezas y debilidades, así mismo puedo decidir emprender acciones para modificar aquello que considero que debo mejorar.

Desde mi sentido de querer ser mejor persona en línea con mis valores y objetivos de vida, más allá de lo que piensen u opinen los demás.

Entre otras razones porque los demás opinan con base en lo que yo permito o quiero que vean de mí, en cambio yo conozco todo el panorama completo, no hay forma de ocultarme a mi mismo eso que le oculto a los demás, que me haga el “loco” como se dice coloquialmente es otra cosa.

La segunda es asumir cargas y responsabilidades que NO nos corresponden.

Son muchas las responsabilidades ajenas de las que optamos por apropiarnos.

¿Hasta dónde ayudar?

Con el argumento del amor incondicional nos hacemos con cargas (emocionales, económicas) de algunos miembros de la familia, desde los padres hasta los hijos pasando por los hermanos y vamos echando sobre nuestras espaldas responsabilidades que no nos corresponden asumiendo que estamos “ayudando”.

Ayudar es una cosa y corresponde a una proporción del total de la carga del cual su doliente es quien debe asumir la responsabilidad de hacerse cargo.

Y ojo que no estoy diciendo que no debemos cuidar o ayudar a nuestra familia, pero cuando ayudamos en exceso hacemos mas daño que bien, tanto al otro que no se ve en la necesidad de generar recursos propios para atender su responsabilidad (que seguramente es consecuencia de sus acciones o inacciones), como a nosotros.

Más temprano que tarde vamos a terminar quemados cuando se agoten nuestros recursos por atender no solo mis demandas sino también mis ayudas al otro.

Aplica igual para otros vínculos como amigos, compañeros de trabajo, de estudio, etc.

Procurar vivir tranquilos: Germán Roa

German Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

Y por último los apegos, benditos apegos que ante algunas pérdidas nos hacen sentir los mas desdichados de los mortales.

Debemos tomar conciencia de la impermanencia de las cosas, de que nada es para siempre, todo tiene un principio y un final.

Conozca Casa Aroa dando click aquí

Todo es susceptible de desaparecer o terminar en cualquier momento, esa relación, ese objeto que heredamos de un miembro de nuestra familia muy cercano o que nos regaló ese ser especial que ya no está, o que nos recuerda una fecha especial o una etapa significativa de nuestra vida.

Puede leer: Reflexión: ¿Querer es poder?

La taza que se rompe, la foto que se pierde, esos zapatos viejos que nos encantan, esa persona que decide romper el vínculo con nosotros, un cambio de casa o de trabajo y por supuesto la muerte que aparece ocasionalmente.

Son muchas las fuentes de nuestros apegos, aprender a identificarlas y a gestionar los correspondientes duelos de manera adecuada, buscando ayuda si lo consideramos necesario, son una buena forma de trascender estos momentos.

Vivir tranquilo no significa ir por la vida libre de problemas ni en un estado de felicidad permanente.

La tranquilidad tiene que ver mas con la aceptación de aquellas cosas que no podemos cambiar, de no “pelear” con la vida, de brindar ayuda con mesura y solo cuando el otro la pida, de reconocernos valiosos por nosotros mismos y no por lo que piensen o digan los demás, de aprender a establecer y reconocer límites y entender que un “no” también es una respuesta.

De ser más coherentes con nuestro sentir-pensar, de ser más nosotros mismos.
Los abrazo.

Reflexión: ¿Querer es poder?

German portada

¿Querer es poder?: German Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

La literatura y máximas positivistas  inundan todos los espacios de comunicación con mensajes empoderantes que nos hacen pensar que nada es imposible, lo cual puede terminar generando más frustración que bienestar cuando nos damos cuenta que no siempre es así.

Sí, así, con signo de interrogación pues no siempre vamos a lograr alcanzar aquello que queremos que pase.

Por ejemplo seguramente muchos y yo, hemos querido ganarnos la lotería pero no lo hemos logrado a pesar de que hayamos comprado el billete en varias ocasiones o seguramente muchos quisiéramos gozar de un estado de óptima salud, más sin embargo nos aqueja alguna enfermedad.

Nos han vendido la idea de que basta solo con querer o desear que algo pase para que esto sea un hecho, pero  la realidad está muy alejada de eso.

Ahora, cierto es que querer o desear algo nos impulsa y motiva para generar acciones que incrementen las posibilidades de éxito, alcanzar eso que queremos: una situación financiera estable, una relación sentimental  constructiva, un estatus laboral determinado, un bien material, etc.

Pero es muy importante tener en cuenta de que en el proceso de ir desarrollando esas acciones existe la posibilidad de que aparezcan elementos que escapan a nuestro control y que puedan interferir en el alcance del objetivo propuesto y en el peor de los casos desistir del mismo.

Y es ahí donde debemos estar lo suficientemente conscientes de que el hecho de que no logremos  ciertas metas u objetivos propuestos, no significa que no seamos lo suficientemente capaces, recursivos o inteligentes o lo que puede ser peor: sentirnos inferiores a otros que sí han logrado lo que nosotros no (golpe bajo a nuestra imagen y ego por supuesto), sin considerar que no todos contamos con los mismos recursos (emocionales, financieros, competencias personales, etc.)  ni que compartimos las mismas realidades  y contextos.

German Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

La literatura y máximas positivistas  inundan todos los espacios de comunicación con mensajes empoderantes que nos hacen pensar que nada es imposible, lo cual puede terminar generando mas frustración que bienestar cuando nos damos cuenta que no siempre es así.

El logro de una meta u objetivo requiere que volquemos todas nuestras energías en desarrollar las acciones que humanamente estén a nuestro alcance, esto es gestionar esos contactos que nos pueden resultar incomodos, los recursos financieros necesarios y en general todas aquellas que hayamos considerado como parte de la estrategia definida; la motivación y el compromiso con el que llevemos a cabo estas acciones indudablemente nos van a garantizar un mayor porcentaje de éxito, pero, ¿y si no se logra?, ¡pues no pasa nada!, la vida sigue.

Puede leer: Reflexión: El poder de la palabra

Todo dependerá entonces de la actitud con la que asumamos la situación, de que evaluemos qué no funcionó, qué nos faltó, en qué parte del proceso debimos poner mas atención y con base en eso definir si vale el esfuerzo volverlo a intentar haciendo los ajustes necesarios o si definitivamente se ponen las ganas, el deseo o el “querer” en otro lado.

Simplemente no podemos cambiar los hechos, pero sí podemos cambiar la actitud respecto de los mismos.

Es importante también identificar si alguna de esas cosas que no funcionaron están fuera de nuestro control y aceptarlo como parte del proceso de aprendizaje, a veces como digo yo: “es mejor no pelear con la vida”, pues cuando las cosas no salen  como esperamos a pesar de haber dado lo mejor de nosotros y de haber hecho los intentos suficientes para lograrlo, pues seguramente es la vida mostrándonos otro camino, y no estoy hablando de conformismo ni de desertar ante el primer obstáculo, lo que quiero decir es que mucha veces nos empecinamos en causas que no van a consolidarse y cuya no aceptación pasa de ser una fuente de motivación a ser una fuente de sufrimiento.

Trabajar en nosotros mismos, en nuestro autoconocimiento y entrenar nuestra mente para desarrollar nuestros niveles de atención, nos ayudan a generar recursos de inteligencia emocional que sin duda nos permiten una mayor comprensión y aceptación de la realidad que se nos presenta a cada momento, libres de sensaciones de frustración, de culpa y de despreocupación acerca de lo que los demás puedan pensar de nosotros cuando no encajamos dentro del tan anhelado y promocionado “Querer es poder”.

Los abrazo.

Reflexión: La irresistible tentación de poner en evidencia los errores ajenos

German portada

La irresistible tentación de poner en evidencia los errores ajenos: Germán Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

Personas que se erigen como “fuentes de sabiduría”, que ven en los demás un “producto en proceso”, comparado con ellos que, se consideran “producto terminado”.

Hay personas que parecen especialistas en detectar los errores o equivocaciones ajenas como si detrás de estos encontraran una recompensa y si además pueden hacerlos visibles ante los demás ésta pareciera aún mayor, escudados algunos incluso en el concepto de “crítica constructiva” como excusando así el daño que de antemano saben pueden llegar a causar.

La globalización de los medios de comunicación y las tecnologías al servicio de ésta, permiten que la situación nos exponga no solo ante nuestro grupo de vínculos primarios y cercanos como familiares, amigos así como compañeros de trabajo sino ante un numero representativo de “seguidores” en las redes sociales, muchos de los cuales se atribuyen uno que otro derecho sobre cualquier artículo, imagen, foto o comentario que compartamos bajo el argumento de que como lo hacemos público, debemos aceptar cualquier tipo de intromisión, afortunadamente hablando de las redes sociales, no pasa de ser verbal.

German portada
Germán Roa.

Corregir o hacer caer en cuenta a otro de que se ha equivocado está bien, sin embargo no hay necesidad de hacerlo en público (a menos que hablemos de lideres cuyas decisiones o posiciones afecten el bienestar de una mayoría).

Pues aún en las redes sociales siempre está la opción de enviar un mensaje privado.

Es como el jefe que pudiendo retroalimentar a sus colaboradores en privado acerca de algo que no salió bien, prefiere hacerlo delante de todos los compañeros de trabajo, preso del ego y de su necesidad de mostrar el “poder” de la autoridad, que no es más que una forma de disfrazar la inseguridad y vulnerabilidad que seguramente lo agobian en otro aspecto de su vida.

Y así funciona, es la necesidad que yace detrás de cada quien de alimentar su necesidad de figurar o de mostrarse más inteligente o más creativo, o algo muy de moda en los últimos años: más culto o más espiritual; personas que se erigen como “fuentes de sabiduría” que ven en los demás un “producto en proceso” , comparado con ellos que se consideran “producto terminado”, dueños y hacedores de toda verdad y de todo lo que consideran correcto.

Algunos inclusive se atreven a hacer sugerencias para que alcancemos su nivel de “sabiduría”.

Sin embargo detrás de su subjetiva perfección lo que hay son seres humanos heridos, inseguros, con necesidades de reconocimiento que encuentran en estas prácticas una forma de amortiguar sus carencias afectivas o emocionales, sin siquiera llegar a considerar que pudieran necesitar algún tipo de ayuda.

Puede leer: Reflexión: Visitarte a ti mismo

Todos somos tanto admirables como criticables, sin embargo siempre será mejor corregir en privado más aún si somos conscientes de que hacerlo en público podría ser incómodo para el otro.

¿Qué tal si esa misma vehemencia con la que se buscan errores ajenos, se utilizara para buscar actitudes, logros y éxitos y además se reconocieran públicamente?.

En nuestra familia, en nuestros grupos de amigos, en nuestro medio laboral, seguro que el impacto como sociedad sería mucho más constructivo y contribuiría a reparar y fortalecer el tejido de una sociedad cada vez mas permeada por la ausencia de valores y sentido de solidaridad.

Tanto las equivocaciones como los aciertos están a la orden del día de cualquier ser humano, es lo normal dentro del proceso de crecimiento y evolución de cada uno y es un proceso continuo que terminará solo el día de la muerte, pues mientras haya vida siempre habrá oportunidad de aprendizaje.

Ahora bien, esto no significa que se deban seguir cometiendo los mismos errores una y otra vez pues se trata precisamente de tomar conciencia de los mismos y aplicar los correctivos del caso, es ahí cuando se configura la verdadera lección de aprendizaje.

Pero, qué tal si en lugar de enfocarnos en los errores ajenos nos enfocamos un poco más en los propios?. Les aseguro que ahí sí vamos a obtener una verdadera recompensa: el aprendizaje continuo detrás de nuestras experiencias de vida.

Reflexión: Escucha consciente

German portada

Escucha consciente: German Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

En la columna pasada les hablaba del poder de la palabra.

En esta ocasión quiero compartirles otro importante y no menos poderoso elemento para comunicarnos, la escucha consciente.

La tecnología sin duda se ha constituido en un facilitador de la comunicación y cada vez más nos sorprende con mejoras en las herramientas actuales, cuando no, con el lanzamiento de una nueva.

Así pues terminamos “escuchándonos” a través de mensajes de voz, podcasts , videos y demás, llegando incluso a representar una sonora carcajada con un emoji o un “jajaja” que en realidad nunca se escucha.  

Las conversaciones personales son reemplazadas por comentarios que dejamos a nuestros amigos en sus redes sociales y aplazamos de manera reiterada encuentros casuales con amigos e incluso familiares con la excusa más utilizada y menos realista: la falta de tiempo.

Puede leer: Reflexión: Visitarte a ti mismo

Pero, ¿en  realidad es falta de tiempo?, o es tal vez, que hemos permitido que la tecnología ocupe en muchos casos nuestro espacio físico para con los otros, esa presencia y sentido de estar para y con el otro.

Y es que la verdadera escucha consciente requiere que el otro, ese que necesita ser escuchado, se sienta conectado y respetado por quien necesita que lo escuche y esto va mas allá de las técnicas de comunicación de las que tantas veces nos han hablado, se trata de entrenarnos en ese acto de presencia atenta que nos permita percibir el mensaje más allá de las palabras, es estar atento a los gestos, a las entonaciones e incluso a los silencios que acompañan ese intercambio de palabras (eso que la tecnología no permite).

German Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

Escuchar conscientemente implica dejar por fuera de la conversación cualquier sesgo, prejuicio o distracción que pueda contaminar ese momento y espacio de tal manera que podamos de manera objetiva ser nosotros mismos y a su vez permitir que el otro también sea él mismo, sin temores o prevenciones que puedan disminuir su intención de expresar lo que siente o piensa de manera libre y ante todo en un marco de confianza ajeno a  cualquier posibilidad de  sentirse juzgado o señalado.

Para aprender a escuchar a los demás, es preciso primero reconocer nuestro dialogo interno, escucharnos a nosotros mismos y reconocer el origen o las causas de eso que nos decimos; miedos y máscaras creados como medio de “supervivencia” ante los diferentes roles que vamos desempeñado en la vida (padres, jefes, hijos, amigos, pareja, líderes, etc) se convierten en las  principales barreras de la escucha consciente, pues constituyen una especie de filtro o pantalla que solo nos permite escuchar aquello que se ajusta a nuestros puntos de vista o a nuestros marcos de creencia, cualquier cosa distinta es automáticamente rechazada.

Escuchar de manera consciente nos permite cultivar el sentido de “ser” y “estar” con el otro, cuando no lo hacemos en cambio generamos distancia, alimentamos la desconfianza y nos limitamos simplemente a “oír”, lo cual no va mas allá del proceso fisiológico que conlleva la vibración de las ondas sonoras en nuestro cerebro.

Oímos ruidos todo el tiempo: el timbre del teléfono, el pito de los vehículos, el murmullo de las voces en determinado sitio, pero escuchar es otra cosa, escuchar implica un compromiso personal que comprende atención, empatía, interés y motivación que procuran una participación activa y deliberada, un acto consciente.

Chogyam Trungpa (Maestro del budismo tibetano) diferencia tres estados mentales que distorsionan nuestra escucha, que nos hablan de nuestra ausencia al escuchar:

– Tener la mente errante, cuando el otro nos habla. El que escucha no está allí sino sólo físicamente.

– Tener la mente a medias relacionada con lo que se habla, porque sigue errante, enganchada en sus asuntos.

– Tener la mente atrapada por juicios, negatividad o interpretaciones acerca de lo que cree escuchar. Esta actitud no permite escuchar de verdad al otro. Por el contrario, escuchar plenamente es estar presente en el acto de la comunicación, y supone la aplicación de los principios básicos de la atención:

– Dejar ir pensamientos que impiden una verdadera intimidad con el otro.

– Estar totalmente con la persona que habla, soltando nuestros ruidos mentales.

– Cuando nos distraemos, identificar  si el distractor es un pensamiento, un sentimiento, una sensación corporal o el recuerdo de una experiencia y tomar conciencia para evitar juicios y señalamientos.

¿Qué tanto crees que escuchas de manera consciente?

Reflexión: El poder de la palabra

German portada

El poder la palabra: German Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

“Herir con la palabra es como herir con la espada: cura la herida, pero queda la cicatriz”: Shakespeare.

El lenguaje verbal que constituye la palabra es quizás la forma del lenguaje con la que más nos comunicamos, es la más inmediata, la que tenemos a la mano todo el tiempo y la que nos presenta más oportunidades de interrelacionarnos socialmente.

German Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

Sin embargo y desafortunadamente es la forma de comunicarnos que hacemos de manera más inconsciente, generando malestar en el otro; malestar que puede manifestarse en forma de ofensa, de falta de reconocimiento, de humillación, incluso de dolor, todo dependiendo de las circunstancias y del tipo de vínculo que nos relacione.

Vamos incorporando de manera inconsciente a nuestro lenguaje cotidiano , formas de expresión y palabras concebidas desde un contexto de agresión, expresiones como: “estuve hablando con mi jefe y vieras lo que me dijo, quería matarlo!”, “debemos luchar contra…”, “odio que me hagan esperar”, “es preciso atacar las causas de…”.

Este lenguaje construido desde esa concepción de vocablos que denotan agresividad e intolerancia los hemos incorporado a nuestra cotidianidad de tal forma que se ha vuelto “normal” pues entendemos que se trata de una expresión en “sentido figurado” y que por tanto no representa ningún riesgo, ni está mal seguirlo haciendo.

Puede leer: Reflexión: Visitarte a ti mismo

Obviamos sin embargo la carga emocional que acompaña este tipo de expresiones y que son las que sí representan un riesgo no solo por el impacto con que los otros las perciben, sino también por el impacto de éstas en nuestra mente; e incluso en nuestra salud mental asociadas al efecto de este tipo de comunicaciones en nuestros niveles de estrés considerando que comprenden un vocabulario que promueve la intolerancia así como la falta de paciencia y aceptación con la que abordamos determinadas situaciones.

Como seres humanos somos capaces de irradiar a nuestro alrededor con la carga de energía y vibración con la que nos manifestamos, así pues si vibramos en armonía irradiamos armonía, paz y tranquilidad, en caso contrario, irradiaremos malestar y sentido de agresividad.

Hacernos conscientes de los términos que hacen parte de nuestro vocabulario diario, esto es prestar atención a lo qué decimos y a cómo lo decimos, nos ayuda a identificar esos patrones lingüísticos, de tal forma que les vamos restando fuerza, poder y así vamos de manera paulatina dando un salto hacia una forma de comunicarnos de manera más consciente, considerando que un nuevo nivel de conciencia requiere otro nivel de lenguaje.

“Las palabras son la herramienta más poderosa que tiene como ser humano, el instrumento de la magia”.

“Pero son como una espada de doble filo: Pueden crear el sueño más bello o destruir todo lo que te rodea. Uno de los filos es el uso erróneo de las palabras, que crean un infierno en vida. El otro es la impecabilidad de las palabras, que sólo engendrará belleza y amor”: Miguel Ruiz.

Miguel Ruiz plantea en sus 4 acuerdos unas premisas básicas entre la cuales se encuentra ser impecable con las palabras, es decir revisar y tomar conciencia de la palabra.

Esto implica antes que nada, no utilizarla contra sí mismo entendiendo por esto que cualquier palabra emitida por mí que genere malestar en el otro, hará que ese otro me odie y eso ya no será bueno para mí.

Practicar la impecabilidad de la palabra es una buena forma de tomar conciencia del uso habitual que hacemos de ésta para culpar, maldecir, reprochar, destruir y lamentarse; tomar conciencia de la palabra supone una invitación para darnos cuenta de qué tanto la usamos para expresar amor, tolerancia, comprensión y generar bienestar a nuestro alrededor.

La palabra y su forma pueden construir o destruir, pueden ser la diferencia entre alentar o motivar a alguien o hundirlo en lo más profundo de su nivel de auto estima; a través de la palabra grandes líderes a lo largo del tiempo han llevado a comunidades enteras a la opresión, pero también ha sido utilizada por otros para promover la esperanza y las acciones de cambio que representan desarrollo y evolución social y personal.

Así que no lo olvides: tu palabra tiene poder!.

¿Cómo estás utilizando el poder de tú palabra cuando te hablas a ti mismo y a los demás?
¿Utilizas un lenguaje posibilitador o limitador, constructivo o destructivo?

Tu éxito no es mi éxito.

German portada

Tu éxito no es mi éxito: German Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

Hace algunos años, 6 aproximadamente que decidí darme una mirada más “contemplativa” por decirlo de alguna manera a mi mismo, a mis emociones, a mis pensamientos, a mis deseos y en general a todas esas cosas que, de una u otra forma me generaban cierta inconformidad con la vida.

Tenía todo aquello que en teoría se necesita para ser feliz: una familia, una pareja, un trabajo que además de buenos ingresos me permitía mantener una buena imagen, ese “status” del que a muchos nos gusta jactarnos (aunque digamos que no, de dientes hacia afuera), una casa, un buen carro, en fin, era algo así como la “vida perfecta”, el “éxito” en pleno.

Pero, ¿adivinen qué?.

Yo no me sentía bien, ese éxito distaba mucho de lo que pensaba que era y me sentía inconforme a pesar de todo eso.

Sentía a veces que no importaba lo que hiciera, ir al mejor restaurante, comprarme lo que mas me gustaba, irme un fin de semana a algún sitio de “moda”, no importaba cual gratificante fuera la acción, al final terminaba invadido por una sensación de vacío, acompañada además de cierta frustración que iba alimentándose en la medida en que no lograba comprender porque me sentía así, si “lo tenía casi todo”.

Puede leer: Reflexión: Visitarte a ti mismo

Conocí entonces a alguien que me invitó a “echar un vistazo” hacia mi interior, de una manera objetiva y un poco más profunda.

Desde ahí empecé un proceso, lento por cierto, donde cada vez voy siendo mas consciente de qué es lo que realmente quiero, de qué es lo que realmente me genera tranquilidad, de hasta donde permito que los agentes externos o del entorno influyan o ejerzan control sobre mis decisiones, mis sensaciones o mis gustos. Mas allá de lo que ese entorno espera de mí o incluso de lo que yo creo que espera de mí.

Germán Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

Y cuando hablo de entorno, me refiero a la familia, a los amigos, a la pareja y en general a todo el circulo social del cual hago parte y del que me he dejado permear durante mucho tiempo.

Y cuando empiezo este proceso, repito: lento y hasta doloroso en ocasiones (en otra publicación les contaré porque puede llegar a ser doloroso), me voy encontrando una serie de elementos que me permiten darme cuenta. De que detrás de esa insatisfacción personal a pesar de “tenerlo casi todo” se encontraba un afán personal de agradar a los demás, de cumplir con las expectativas del medio, de ajustarme a ese concepto de “éxito” social, muy asociado además al “tener”, tener un buen carro, tener una posición laboral, tener un reconocimiento, tener siempre la “mejor pinta”, tener, tener, tener.

Y ojo, que no quiero decir que no esté bien tener, y que deba uno entonces hacer votos de “escasez” y negarse todo tipo de comodidades, lo que sí creo es que ese tener debe enfocarse a lo que yo realmente quiero y necesito para sentirme bien, cómodo y tranquilo que no necesariamente corresponde al mismo “tener” que nos vende la sociedad como garantía de éxito.

Cuando empecé a reconocer dichos gustos y necesidades desde mi individualidad, empecé también a reconocer el origen y causa de esa sensación de inconformidad que no era otra que tratar de cumplirle al entorno, mas que a mi mismo, pero ¿porqué?, por el temor a no encajar, a no hacer parte de ese concepto de éxito que la sociedad me ha vendido o a que me vieran como el “diferente”, a pesar de la carga emocional y el correspondiente efecto en la salud mental (estrés, angustia y ansiedad) que debía soportar en muchas ocasiones, solo por conservar una imagen: la imagen del éxito, pero la social, no la mía.

Como les mencionaba al comienzo, hace ya mas de 5 años que decidí iniciar este trabajo de autoconocimiento, a través del cual he encontrado la fortaleza y pasión para tomar decisiones que me acercan más a mi verdadera esencia, que me han permitido vibrar más en función de lo que realmente me apasiona, que me ha llevado a desprenderme de muchos paradigmas, de muchos conceptos, a replantear y a observar muchas circunstancias de vida desde otra óptica.

Ha significado también decir adiós a muchas personas que se han ido quedando en el camino al no compartir el mismo significado de éxito, sin embargo ha traído también el nacimiento de nuevos vínculos con otras personas que comparten el mismo sentido de vida, pero lo más importante es que me ha permitido ir cultivando un sentido de tranquilidad en mi día a día, una conexión conmigo mismo desde el auto reconocimiento, la autovaloración, el ser consciente de que está bien sentirse débil e imperfecto y que no tengo porque sabérmelas todas, que lo realmente importante es reconocer aquellos aspectos que para mí representan el éxito y obrar conforme.

Está bien vibrar con el concepto de éxito social que establece el medio si de manera objetiva y consciente usted se siente cómodo ahí, si es así procure al máximo generar las acciones para lograrlo siempre y cuando esto no se le convierta en una carga; pero también está bien reconocerse en un concepto de éxito distinto, uno propio y personal que es tan válido como el anterior y seguramente más placentero.

Lo que si le puedo asegurar es que usted siempre logrará un mejor impacto en los demás cuando decide procurar el éxito desde su verdadera esencia, sin mencionar como esto mejora su calidad como ser humano.

Lo invito entonces a practicar el ejercicio de auto observarse y revisar desde donde concibe usted su significado de éxito.

Reflexión: Visitarte a ti mismo

German portada

Visitarte a ti mismo: German Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

Nuestro trasegar por la vida nos lleva a asumir diferentes roles desde aquellos del plano familiar donde nos desempeñamos como padres, hijos, pareja, hermanos, etc.

Pasando por el laboral donde asumimos como jefes, colaboradores o pares , hasta aquellos que desempeñamos socialmente como miembros de una entidad, asociación, grupo o, simplemente como amigos o como un ciudadano más del lugar donde habitamos.

Muchos de estos roles exigen de nosotros asumir ciertas actitudes de autoridad como parte de nuestra tarea de hacer cumplir ciertas normas o reglas establecidas, y en ese sentido muchas veces no se nos permite expresar ciertas emociones o más bien debemos reprimirlas en aras de fortalecer o reforzar dicha actitud, ya sea por temor a perder el control o por conservar nuestra imagen.

El punto no tendría mayor discusión si fuéramos lo suficientemente conscientes como para no incorporar esta práctica de manera automática y permanente en todos los aspectos de nuestra vida, pero por el contrario lo que vamos haciendo es que cada vez más respondemos emocionalmente a lo que el exterior nos exige o espera de nosotros, restándole importancia a lo que nos dicta nuestro interior, aquello con lo que realmente nos sentimos conectados y cómodos.

Y es que mostrarse de alguna manera sensible emocionalmente nos hace sentir vulnerables y esa es una sensación a la que todos le huimos, puesto que consideramos la vulnerabilidad como algo “negativo”, cuando en realidad lo que nos permite es reconocernos tal como somos, de la necesidad que tenemos de estar conectados, de ser aceptados y de aprender a pedir ayuda cuando la necesitamos.

German Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

Se hace necesario entonces que asumamos una posición distinta al respecto, darnos la oportunidad de que nuestra fuerza y necesidades interiores cobren más importancia que los factores externos para poder así darnos la oportunidad de nombrar, reconocer y sentir cada emoción; es ahí cuando nos permitimos acoger el malestar que acompaña la rabia, las lagrimas que acompañan el dolor, la impotencia y rechazo ante una perdida y el júbilo y alegría propios del placer y el bienestar.

Ahora bien, esto no significa descargar nuestra ira, malestar o dolor en otros, sino reconocerlas para nosotros mismos: “así es como me siento”, “esto es lo que realmente quiero hacer”, “esto es lo que necesito”, “esto es lo que es verdaderamente importante para mí”.

Puede leer: Reflexión: Mente a la carta

A medida que vamos reprimiendo o negando emociones durante mucho tiempo, vamos alimentando también nuestro crítico interno, a ese juez interior implacable que potencializa nuestras dudas e inseguridades y nuestro temor a expresarlas, y entre más tiempo nos demoremos en tomar conciencia, más fortalecemos ese juez y más difícil y pesada se va haciendo nuestra carga emocional, so pena de creer que podemos llegar a ser rechazados, criticados, humillados o, como mencionábamos anteriormente, hacernos vulnerables.

Cuando damos paso a la fuerza que nos permite ir develando poco a poco esa historia de debilidad que hemos construido alrededor del reconocimiento de nuestras emociones, abrimos la puerta para que broten esas que han estado guardadas, reprimidas y la mayoría de las veces negadas o no reconocidas y empezamos a sentirnos libres y livianos, más tranquilos.

Preguntarse ¿Cómo me siento cuando soy fiel a mi mismo?, entendiendo esa fidelidad como aquello que me conecta con lo que soy, con lo que siento, con todo aquello que me hace sentir tranquilo, es una buena forma de “visitarnos a nosotros mismos” e irnos reconociendo y redescubriendo desde nuestra verdadera esencia.

Y tú, ¿cada cuánto te visitas a ti mismo?.

Reflexión: Mente a la carta

German portada

Mente a la carta, por: German Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

“La mente es una cosa loca” dicen por ahí algunos; pues yo diría que no es una cosa loca, es una cosa LOQUISIMA, así en mayúsculas.

La mente es experta en jugarnos malas pasadas sobre todo en aquellos momentos que consideramos “difíciles”.

Inseguridades, miedos, dudas, prejuicios y toda una gama de percepciones encaminadas a alimentar nuestros estados de angustia y ansiedad hacen parte del menú que esta mente suele poner a nuestra disposición y que nosotros, cual los mejores comensales, aceptamos sin el más mínimo reparo.

Nos empecinamos en aceptar ese menú hasta saciarnos sin hacer siquiera el más mínimo esfuerzo en pedirle a esa mente un menú diferente, menú que muchas veces solo existe ahí en nuestra mente, pues dista mucho de lo que sucede en la realidad.

Y es que efectivamente esta mente tiene toda una ‘carta’ de platos distintos que puede ofrecernos, es solo que pareciera que nos hemos acostumbrado a aceptar siempre lo mismo.

A alimentarnos con esos mismos platos que nos ofrece una y otra vez, pues son los platos a los que la experiencia, la cultura y algunos marcos formativos de nuestro desarrollo como personas, nos han casi que “acostumbrado”, llegando incluso a creer que no merecemos un menú diferente (aunque sabemos que existe, solo que creemos que no está disponible para nosotros).

Este menú de pensamientos se pasea entre el pasado y el futuro alejándonos de la realidad del momento presente, disminuyendo así nuestra capacidad de disfrutar, vivir y aprender del aquí y el ahora.

El punto es que tenemos la capacidad, desde la consciencia, de cambiar esta situación y tomar la decisión de abrir nuestra mente a percepciones distintas, de entender que ese “menú diferente” sí está a nuestro alcance y totalmente disponible, y lo más importante: que solo depende de nosotros acceder a él, y más importante aún: que es tan fácil como simplemente pedirlo.

¿Y cómo hacemos para pedirlo?.

Estando totalmente dispuestos a vivir la experiencia, cualquiera que sea, con una mente abierta, lo que podemos llamar una “mente de principiante” que no es otra cosa que abordar cualquier experiencia como si fuera la primera vez, aun cuando hayamos vivido una experiencia similar anteriormente y ésta no haya sido de nuestro agrado; esto implica también dejar un poco nuestra tendencia a juzgar y “calificar” todo como bueno o malo, como agradable o desagradable; las cosas o experiencias son lo que son y depende del observador (nosotros) como decidimos gestionarlas.

German Antonio Roa Cabrera, Especialista en gestión humana organizacional, consultor en Mindfulness y terapia transpersonal.

Una mente abierta nos da la posibilidad de percibir las cosas desde otra perspectiva, desde otra mirada, salirnos de ese pequeño mundo que en ocasiones se torna angustioso, pequeño, asfixiante y rígido y darnos la oportunidad de descubrirnos en otros alcances, otras capacidades, de responder a la vida con otro punto de vista.

Solo depende de nosotros elegir el menú.

Puede leer: Dilian Francisca se retira de la contienda presidencial: renunció a su precandidatura

No es el que la mente nos ofrezca, es aquél con el que estemos dispuestos a alimentarnos.

Todos podemos, en cualquier momento, empezar a entrenar nuestra mente (así como entrenamos para mantener nuestro cuerpo físico) y mejorar nuestro nivel de consciencia y atención que nos lleve paso a paso a encontrarnos más con nosotros mismos.

A descubrir esas herramientas que tenemos y que no hemos usado, a mejorar nuestra confianza en nosotros mismos y en los demás.

Todos tenemos la facultad de elegir como abordamos nuestras experiencias de vida, si desde el victimismo, la ansiedad y el sufrimiento o desde la oportunidad de aprendizaje y crecimiento.

La meditación es una buena forma de empezar.
Ahora, dime: ¿Estás dispuesto a revisar tu carta?.